MARCO FIDEL SUÁREZ - LOS SUEÑOS DE LUCIANO PULGAR

LOS SUEÑOS DE LUCIANO PULGAR
Marco Fidel Suárez


Marco Fidel Suárez (1855-1927) se impuso dentro y fuera del país a la admiración de los entendidos, desde su primer trabajo de aliento, Ensayo sobre la gramática de Bello (1881), laureado por la Academia Colombiana, y que se publicó luego en España, en un volumen de la Colección de Escritores Castellanos, junto con otras producciones suyas, bajo el título de Estudios Gramaticales (Madrid, 1885). Es autor, así mismo, de varios discursos y trabajos académicos, como El castellano en mi tierra (1910), los elogios de Núñez, Miguel Antonio Caro, Rufino José Cuervo y Murillo Toro; otro en honor de Miguel de Cervantes (1916) y un estudio sobre El pronombre posesivo. Pero la obra que le dio extensa fama, consagrándolo como a clásico americano, es, sin duda, la que tituló Sueños de Luciano Pulgar.

Historiógrafo, lingüista, político y autoridad en derecho internacional, el señor Suárez fue, sin disputa, el maestro de toda la joven escuela erudita, renovando en sus trabajos el saber de las generaciones que le precedieron, y señalando rumbos perdurables para el estudio de las humanidades en América.

La primera serie de sus escritos es un volumen que contiene sus mejores ensayos: Jesucristo, EL Positivismo, Los maestros de Maquiavelo, La Misericordia, La industria de trigo, etc. Al mismo género pertenecen las magníficas biografías que consagró a Rafael Núñez, Carlos Holguín, Leonardo Canal y Marceliano Vélez, y a los próceres Francisco Antonio Zea y Juan del Corral.

En los archifamosos Sueños (12 volúmenes) se habla de arte y literatura, de ciencia gramatical y de educación, de religión y de periodismo, de política mundial y de política casera, permitiéndole la forma literaria escogida –que es el diálogo– exponer con toda claridad, sin ambages ni rodeos, las opiniones del eximio autor sobre tan diversas materias.


Pulgar no es impío, ni estampa proposiciones heréticas o mal sonantes, ni es enemigo del clero, ni escribe cosas escandalosas. Mientras más desamparado se ve, más se defiende, como sujeto que las personas concienzudas encontrarían fuera de la ley si leyeran los escritos pulgarescos. Trata de aprovechar el fruto de lecturas muy largas, exponiendo puntos de historia o de lenguaje; también se ocupa en asuntos de administración, interesantes para la comunidad, y escribe crítica literaria y también política.

Yo que nada tengo de escrupuloso ni devoto, recuerdo que Praxiteles hizo dos estatuas de Venus, una desnuda y otra cubierta con un velo. Y queriendo la cuidad de Coo comprarle la una, escogieron la honesta. Compró la otra la cuidad de Gnido, y su estatua fue tan celebrada y visitada, que le causó renta por los muchos que iban a verla; de suerte que rehusó entregarla al rey Nicomedes para redimir una agobiadora deuda. En estas cosas siempre se hacen sentir instintos de ética al lado de los intereses y extravíos.

La opinión pública, que es pasión publica y nada más.

Si la codicia hubiera de dilatarse a todas las generaciones futuras, usurparía la acción de la Providencia.

Dios ha dejado el mundo a las disputas de los hombres en todo campo, y especialmente en lo que concierne a la república, palabra que quiere decir tanto como cosa pública o concerniente al pueblo o comunidad.

La historia no es otra cosa que la narración de las acciones buenas y malas de los hombres.

Misterioso es el poder de los libros, voces mudas y perpetuas que inmortalizan el pensamiento. No tiene la materia otra forma que más se acerque a la inmortalidad.

El diablo, cuando no tiene nada qué hacer, se quita los pantalones y se los vuelve a poner.

Unidad en lo necesario, libertad en lo discutible, caridad en todo.

En Colombia estamos divididos en cinco partidos, formados de liberales, radicales, republicanos, conservadores honestos y conservadores perversos.

La llamada disidencia, por vehemente que en ocasiones pueda manifestarse, tiene que desvanecerse ante la opinión inspirada por la razón y la justicia.

¿Cuándo la política tuvo cuentas con la razón?

Si bien la defensa es permitida, ella acostumbra confundirse con la jactancia.

Resulta que no sin causa está perdido y perdiéndose el patrimonio moral de la vergüenza, el sentido común, el carácter, así como el patrimonio espiritual, formado por la justicia, la misericordia y la fe. Llamamos bien al mal, y mal al bien. Esto es lo que va quedando al fin de todo.

El fanatismo impío, el estado ateo, es hecho característico de las edades decadentes.

Hay que conservar la libertad, esto es, el reinado del derecho, entendido no como facultad indefinida, sino como el yugo de la justicia sobrepuesto al del desorden, como el imperio de la legalidad que vence la esclavitud revolucionaria, y como suave influencia de la caridad que reemplaza el odio y demás inhumanas pasiones.

La vida es cosa frívola en presencia de la muerte.

Colombia es suelo estéril para la semilla absolutista.

Muchas teorías humanas, a veces son modas intelectuales, por lo efímero de su vigencia y por lo inconstante de sus combinaciones.


¿Será palabra corriente eso de conservatismo? No lo creo, porque los vocablos de ese talle sueldan la terminación “ismo” al adjetivo correspondiente, adhiriéndola a la última letra cuando ésta es consonante, como nacionalismo, de nacional, liberalismo, de liberal; o suprimiendo la última vocal, como cristianismo de cristiano, protestantismo de protestante. ¿Pero conservatismo de dónde puede resultar? Si los conservadores se llamaran “conservatos”, entonces se explicaría naturalmente el vocablo conservatismo; mas de conservador lo que debería nacer sería “conservadorismo”, añadiendo “ismo” a la consonante “r”; y así he oído decir que se usa la palabra en España, para denotar el partido de los conservadores. Si la gramática no anduviera tan de capa caída, nada de raro tendría que aquí usáramos la palabra española en lugar del término conservatismo, deforme a todas luces; al principio sonaría mal el tal “conservadorismo”, pero luego le pondría aceite a la costumbre, como va sucediendo con “bolivariano”, aun cuando éste es innecesario habiendo “conferencias bolivianas”.

Yo he leído por ahí, en la historia de Vespasiano, la manera como en su tiempo se descubrió el antídoto contra la mordedura del perro rabioso. Y fue así, que estando en el ejército romano por los lados de Cataluña un mozo que había dejado la madre en Roma, ella soñó que debía tomar la raíz de una mata de escaramujos floridos y enviarla a su hijo a la campaña. Así lo hizo, y, cuando el relato del sueño junto con la raíz llegaron al real, el soldado estaba recién mordido de un perro loco y empezaba ya a aborrecer el agua; tomó la raíz y sanó, como sanaron otros que se hallaron en su caso. Dizque lo refiere Plinio.

Dios es quien tiene la llave de los misterios, y sus ángeles, que gobiernan el mundo y velan el sueño de los mortales, bien pueden poner la mente humana en relación con sucesos que aún no se han efectuado, pero que son ya presentes para sobrehumanas inteligencias.

En la política, cuando la unión comienza a faltar, todo se enreda y agita, todo se dificulta, y surgen los peligros como suscitados por un genio enemigo. En lugar de la fe sustituye la desconfianza; en vez de la firmeza pone la vacilación; reemplaza la seguridad y el sistema con esfuerzos tortuosos que producen resultados perturbadores, y pone en continuos peligros a una comunidad tan vigorosa como la nuestra.

Hay que recordar que Platón, a la cabeza de la sabiduría pagana, reconoció en la religión la base necesaria de la ética; y hay que ver con evidencia también que una vez revelado el Verbo Divino al género humano, esa Palabra y esa Luz infinita permanecen satisfaciendo para siempre las necesidades espirituales de los hombres, en lo doméstico, en la sociedad y en el gobierno.

La fe puede apoyarse en las razones que la Iglesia expone por la voz de sus oráculos, y que sus fundamentos han ocupado a las inteligencias más poderosas; pero que ella proviene también del corazón y brota del amor.

El libro cuasidivino nos enseña que toda la razón y discurso natural debe seguir a la fe y no ir delante de ella, ni debilitarla, porque la fe y el amor muestran juntos su excelencia.

Bossuet dice en uno de sus panegíricos más admirables que la fe se apoya en la sencillez del corazón y que nace más bien de la voluntad que del vuelo de la inteligencia.

Ahora, valga la verdad, ya no hemos menester de teorías, sino de contemplar hechos que se imponen.

¿Publicista Cervantes? Sí, señor. ¿Acaso no sabe usted, que el ingenio del autor del Quijote ha sido capaz de exaltar de tal manera la admiración de los eruditos, que algunos lo han graduado de teólogo, astrónomo, alquimista y hasta de muy hábil en negocios de nigromancia y cocina? Eso será en la región de lo fantástico, porque en la de lo verdadero y positivo, nadie remite a duda que el as de la novela universal y el socio de Homero y el Dante, fue uno de los entendimientos más sagaces, sutiles y profundos en materias de república y de gobierno. Sí, Cervantes fue publicista y de los buenos, empezando porque jamás trató de esas cosas sin alumbrarlas con la lámpara de la doctrina cristiana.

Las lenguas de los maldicientes son más libres que el aire de los potreros.

Habla claro, que esa es la primera condición de la palabra. Sin la claridad no hay propiamente lenguaje, sino fragmentos inútiles que no sirven a las ideas.

Todo libro, por malo que sea, guarda siempre algo bueno que leer.

En Colombia, que es la tierra de las cosas singulares, resultó que un sermón contra el diablo graduó de endiablado al predicador.

La paciencia no es indolencia sino actividad sufrida.

Si alguna buena condición encuentro en la vejez, es la falta de cosquillas y al mismo tiempo de sustos.

Media hora de dolor borra ante Dios una vida de pecados.

Pensar que la política pueda exhibirse justa, arreglada y hermosa, es pedir líneas geométricas a una lucha de sabuesos.

Si el libro es fuente de consuelos, siempre hay que observar que la llave de esa fuente no se abre bien sino en el improbable supuesto de que la conciencia “no acuse de nada”.

Es un hecho que el hombre, por privilegiados talentos que posea, no piensa siempre con su cabeza sino con la marca de opiniones que los circundan.

Soy libre, luego soy una cosa superior a la fatalidad de la materia.

La cuadratura, la longitud geográfica, la habitabilidad de los astros, el tiranicidio y otros muchos problemas están siempre erguidos y sin doblarse, hasta el punto de que algunos se resuelven diciendo que no tienen solución.

La memoria será siempre parte esencial de la mente humana y su ejercicio condición de todo buen sistema de educación intelectual.

En Colombia un radical y un conservador están separados por abismos de teorías y raudales de resentimientos.


Ahora parece como si el tiempo anduviera más aprisa. Y viéndolo bien, en eso no hay ilusión, sino pura realidad. El tiempo es la medida del movimiento, y el movimiento se ha acelerado en los últimos años, de manera y en forma que aturden. Del año de 1892, en que empezó el uso rudimentario del automóvil, a estos días, en que vuela sobre la tierra esa máquina soportada por la resina del Amazonas, e impulsada por el aceite subterráneo, la diferencia es para asombrar a la mitología. Y en el intervalo, ¡qué de prodigios! El vuelo del hombre, en condiciones que dejan atrás el águila; la navegación submarina, que convierte los cetáceos en anguilas; las comunicaciones eléctricas que literalmente anonadan las distancias, todo eso y otros mil portentos realizados por el hombre, han transformado el movimiento, y por eso mismo han transformado el tiempo: hoy un día es un año, y un año es un siglo. ¿Hasta cuándo seguirá ese movimiento vertiginosamente acelerado, y hasta cuándo el tiempo avanzará, así de frenético, tratando de confundir sus instantes con lo eterno, con el evo infinito que rodea las duraciones limitadas, como lo inmenso inefable que rodea las moléculas y los mundos? Adoremos al señor cuya luz es lo único verdadero y perfecto en la extensión del universo, sustentado por los tres dedos de su sabiduría, de su poder y de su amor.


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