LEON BLOY - EL DESESPERADO
LEON BLOY – EL DESESPERADO
Sé
que un alma entregada a su propio vacío no tiene otro recurso que la imbécil gimnasia
literaria de formularlo.
Es
un hecho cierto que solamente los melancólicos y los tiernos tienen almas
nobles.
No
hay nada más divino que la piedad.
Justicia,
alimento inalcanzable.
Entonces
se produce la literatura de la desesperación, que puede pasar ante los ojos de
los imbéciles como algo muy simple y sin importancia, pero que en realidad es
una especie de misterio anunciador de no se sabe qué. En todo caso, lo cierto
es que actualmente toda fuerza pensante, vigorosa, clara, se ve empujada,
arrojada hacia ese sentido donde el maelstrom (remolino) lo aspira y lo traga.
Se
creía dotado de un corazón de mártir, capaz de todos los sufrimientos.
Tenía
el don de las lágrimas, signo de la predestinación como decían los místicos. Aquellas
lágrimas fueron la alegría oculta, el tesoro escondido de una de las
existencias más desnudas y trágicas de este siglo.
Poseía
la rareza de amar su pena.
Elaboró
una esperanza con el más amargo pesimismo.
Privado
de fortuna, como conviene a los mártires de la erudición, aquel investigador vivía
penosamente de los recursos que le proporcionaba un boletín bibliográfico de
gran revista. Por esta circunstancia veía pasar por su casa el torrente de
libros lanzados al mundo por la vanidad o la estupidez contemporáneas.
Su
narcisismo temible no resultaba sin embargo odioso.
El
esqueleto del burgués más inmundo disolviéndose bajo tierra le parecía un
testimonio sorprendente de la original dignidad del hombre.
Los
pobres no tienen derecho a un hogar, no tienen derecho a nada, lo sé perfectamente.
“Cada
uno para sí mismo, y Dios para todos”, dice la bajeza de nuestro corazón.
Dios
es el gran solitario que no habla sino con los solitarios.
Todo
hombre que realiza un acto libre proyecta su personalidad hacia el infinito.
Damos
a los pobres limosna para evitar que ellos se corrompan en la abundancia.
Una
regla austera es la mejor higiene.
No
es posible creer que el Gran Maestro te haya colmado de tantos dones raros únicamente
para hacerte sufrir.
Cada
hombre viene al nacer doblado de un monstruo. Algunos le hacen la guerra; los
otros no hacen más que mimarlo. Al parecer yo soy muy fuerte, como tú lo dices,
hermano, puesto que me honra la compañía inseparable del rey de los monstruos:
la Desesperación.
Ignoro
hasta dónde me llevará la lucha por la vida.
La
torpeza de los ricos y el hambre de los pobres son los únicos tesoros que se
encuentran íntegros.
Joseph
de Maistre decía, hace más de un siglo, que el hombre es excesivamente malvado
para merecer el bien de ser libre.
La
ironía es, con toda seguridad, el arma más peligrosa en las manos del hombre.
Una
desgracia no llega nunca sola.
Es
un hecho cierto que el capitalismo no da mucho de sí cuando se trata del pobre.
Es
un lamentable misterio de la naturaleza el hecho de que las más altas
apetencias de ser libres sean precisamente las que mejor nos precipitan a la perdición.
Siempre
llega tarde la muerte cuando uno sufre tanto.
LEÓN BLOY
León Bloy (1846-1917), es el iniciador de
uno de los movimientos espiritualistas más notables de nuestro tiempo. Producto
de un país de gran cultura y de refinamientos acabados, como Francia, este gran
escritor quiso abrazar la causa del espíritu contra todo materialismo de baja calidad.
Y, naturalmente, resultó siendo una especie de profeta contemporáneo que
azotaba sin piedad el egoísmo, la sensualidad y las pasiones innobles de la sociedad
actual.
Es cierto que sus panfletos y sus
requisitorias se refieren a Francia directamente, pero la acusación y la condena
alcanzan en realidad a todo el mundo de cultura occidental y cristiana.
De toda
la vasta obra que dejó escrita León Bloy, El
Desesperado (1887) es su novela sobresaliente, porque en él, ya en plena madurez
de su genio, llegó a concretar sus ideales, a pulir su estilo y a ser un
magistral creador de personajes.

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